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La construcción del deseo en la adolescencia: influencias y referentes en la actualidad

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Clara Salvador

Monitora en Educación Sexual con perspectiva de Género


Hablar del deseo adolescente en 2026 implica necesariamente atender a un escenario atravesado por tensiones: entre libertad y presión social, sobreexposición y dificultad para vincularse, discursos igualitarios y el auge de narrativas reaccionarias. Comprender estas dinámicas resulta fundamental para acompañar a las nuevas generaciones en el desarrollo de una sexualidad consciente, libre y saludable.

Introducción

Según el diccionario etimológico, la palabra adolescencia deriva del latín «adolescere»: crecer, desarrollarse. La Asociación Española de Pediatría (AEP), la define como una etapa vital óptima para hacer bien la «transición» a la vida adulta, ya que es cuando se establecen una serie de aprendizajes ligados a futuras conductas. Por lo tanto es necesario que el paso de adolescente a adulto se realice de la forma menos traumática posible, tanto para el adolescente como para sus padres y entorno.

El deseo sexual en los seres humanos no puede reducirse a un instinto

La OMS, que delimita la edad adolescente entre los 10 y los 19 años, dice lo siguiente: La salud de los adolescentes y jóvenes reviste una importancia decisiva para la sociedad, de ella depende el porvenir. Representan un factor considerable de progreso y es necesario poner su energía y su idealismo al servicio de todos. Las condiciones en las que viven y su modo de vida, los marcará para siempre.

Así mismo, en esta etapa el organismo alcanza a nivel biológico y fisiológico su madurez sexual. Desde un punto de vista psicológico y social, la persona seguirá madurando sexualmente a lo largo de toda su vida, ya que la madurez es algo que se moldea a lo largo de un proceso, en el que cada persona va conociéndose mejor a sí misma y define lo que le resulta satisfactorio y gratificante sexualmente. Pero esos primeros encuentros marcan y por ello es importante enseñarles que deben ejercer su derecho a la sexualidad con responsabilidad, respeto y conocimiento.

Como dice la red de Universidades por la Infancia y la Adolescencia https://www.ruia.es/adolescencias-del-siglo-xxi/ es el periodo en el hay que fabricarse una identidad nueva para formar parte de un grupo que los acoja y cohabitar un cuerpo sexual que les resulta enigmático. ¿Cómo podemos acompañarlos en esa delicada transición?

El deseo como construcción compleja: entre lo biológico y lo social

Tal y como explica la revista https://www.adolescere.es/los-afectos-sexuales-1-el-deseo/ Freud fue el primero en construir el mito del deseo como energía biológica única, que necesita descargarse. Pero el pensamiento de Freud se fue haciendo más complejo y ese concepto sólo biológico acabó siendo insostenible.

El deseo sexual en los seres humanos no puede reducirse a un instinto. Aunque está influido por procesos hormonales —especialmente durante la pubertad—, se diferencia de otras especies por la capacidad de decisión, regulación y significado. En este sentido, el deseo no solo se siente: se interpreta, se construye y se aprende.

Sin embargo, uno de los grandes riesgos actuales es la reducción del deseo a una mera descarga biológica o a un producto de consumo. Esta simplificación invisibiliza su dimensión afectiva —el vínculo, el cuidado, la empatía— y limita la capacidad de los adolescentes para construir relaciones más complejas y satisfactorias.

El propio cuerpo puede ser un amigo, pero también un feroz enemigo

En esta construcción intervienen modelos culturales, experiencias personales, expectativas sociales y valores internalizados. El contexto adquiere un papel central: no sólo qué se desea, sino cómo se desea, con quién y bajo qué significados. Siente necesidades específicamente sexuales consigo mismo y con otras personas de su mismo o de distinto sexo. Y poco a poco se va definiendo su propia orientación sexual, sus gustos y preferencias. Todas estas transformaciones no se viven de forma ordenada, todo lo contrario. Si hay una palabra que casi siempre define la adolescencia es: confusión. El propio cuerpo puede ser un amigo pero también un feroz enemigo, la comparación es algo habitual, los defectos propios se ven con un cristal de aumento y casi nadie está contento con lo que tiene, a lo que se añaden las exigencias de la moda que nos impone unos criterios de “belleza” artificiales en los que el aspecto físico se valora muy por encima del resto de las cualidades personales. Esto es algo que, por razones sociales, afecta de una manera especial a las chicas, pero cada vez más los chicos están recibiendo, sobre todo a través de la publicidad, modelos de cuerpos perfectos y los conocidos como gymbros.

Los y las adolescentes se encuentran entre dos presiones. Por un lado, la presión de sus propios cambios y por otro lado, la presión de las exigencias de su entorno social que no siempre responde de la forma más adecuada porque las personas adultas se han olvidado de lo difícil que resulta ser un o una adolescente (“a los adolescentes no hay quien les entienda”, “están en la edad del pavo”, “son rebeldes sin causa”, etc.)

En un estudio reciente de 2025, el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (Universidad de Granada) en colaboración con un proyecto del Dpto. de Sociología de la Universidad de Granada, han explorado esta cuestión entrevistando a adolescentes y jóvenes de Andalucía de entre 13 y 20 años.

El objetivo era comprender cómo se construye la sexualidad en la adolescencia, en un mundo donde el patriarcado, la cultura del romance, la pornografía y la violencia siguen muy presentes. Los resultados, publicados en la revista Sexuality & Culture, no solo revelan desigualdades preocupantes, sino también posibles caminos para el cambio.

La principal conclusión es que chicos y chicas viven la sexualidad de manera diferente y esto no es casual, sino que responde a una socialización desigual. Los mandatos de género y la desigualdad siguen marcando la manera en la que los adolescentes construyen su deseo. Y otro hallazgo preocupante es la naturalización de conductas de control y violencia.

Sin embargo, no todo son malas noticias. El estudio también recoge indicios de cambio. Algunas chicas reivindican su derecho a decidir sobre su cuerpo y que los chicos sean más tolerantes con la diversidad sexual y de género. Por su parte, algunos chicos empiezan a cuestionar los modelos de masculinidad tradicionales, valorando más el consentimiento y la empatía.

 Influencias contemporáneas: redes sociales, machosfera y cultura digital

Tal y como señalan diversos estudios recientes, la construcción del deseo se produce hoy en un contexto profundamente mediado por las redes sociales, la cultura digital y nuevas narrativas sobre el género y las relaciones. Por ello se ha convertido en una prioridad evaluar el impacto de las TICs en el desarrollo psicosocial durante la adolescencia, concretamente en la construcción de identidad, la socialización y el estilo de vida.

“machosfera”: un conjunto de comunidades online que difunden discursos antifeministas, misóginos y reaccionarios

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales agentes de socialización afectivo-sexual. A través de ellas, los adolescentes acceden a información —muchas veces sin pensamiento crítico— sobre cuerpos, relaciones, roles de género y sexualidad. Este acceso masivo y temprano puede generar fenómenos como la erotización precoz o una vivencia del deseo basada en la exposición y la validación externa.

Como afirma la revista Virtualis, su monográfico titulado “Comunicación digital y género” surge debido al protagonismo tecnológico y digital, considerado como el nuevo poder del siglo XXI; aun cuando hombres y mujeres deberían participar por igual, los entornos digitales también han trasladado valores discriminatorios hacia las mujeres, similares a las condiciones de desigualdad laboral y problemáticas como: la objetivación del cuerpo, estereotipos culturales, violencia y falta de visibilidad de sus logros.

En este ecosistema digital emerge con fuerza la llamada “machosfera”: un conjunto de comunidades online que difunden discursos antifeministas, misóginos y reaccionarios. A través de memes, humor y promesas de éxito social y sexual, estos espacios captan a chicos jóvenes y ofrecen modelos de masculinidad basados en el dominio, la frustración y la oposición a la igualdad.

Este fenómeno tiene consecuencias directas en la construcción del deseo. Por un lado, introduce una lógica de confrontación entre géneros; por otro, reduce la complejidad de las relaciones a categorías rígidas (como “incel”, “red pill” o “blue pill”), empobreciendo la experiencia afectiva.

Si a esto le sumamos la publicidad actual, con el constante uso indirecto del deseo sexual como gancho comercial para vender coches, perfumes, o lo que haga falta vender, lo que se consigue es que acabemos asociando la sexualidad a algo que se compra.

Además, estudios recientes advierten de un aumento de la normalización de discursos de odio, de la negación de la violencia de género entre jóvenes y del auge de corrientes antifeministas. Todo ello configura un escenario donde el deseo puede verse atravesado por la desinformación, la presión social y la desigualdad estructural.

Según el Informe de juventud en España de 2024, el 32 % de mujeres afirman haber sufrido relaciones sexuales no deseadas (integrando las respuestas “no habría querido tener relaciones, pero me forzaron”, “he tenido relaciones que no hubiera querido tener” e “hice cosas de las que no estaba convencida”), por un 19 % en el caso de los hombres jóvenes.

Según el Barómetro de Juventud y Género publicado por FAD en febrero de 2025, más de la mitad de los varones jóvenes españoles de entre 15 y 29 años de edad (el 51,5%) considera que el feminismo “solo se utiliza como herramienta política de manipulación y adoctrinamiento”. El número de chicos que están de acuerdo con esta afirmación se ha doblado en cinco años.. En el caso de las chicas, el porcentaje se sitúa en un 38,8%. El crecimiento, en el caso de ellas, es más del doble; en 2021, lo veía así el 17,1% de las jóvenes. El 38,4% de los jóvenes españoles se declara feminista, lo que supone casi 12 puntos menos que en el máximo registrado en 2021, cuando la cifra subió hasta el 49,9%. Además, cuatro de cada 10 hombres de menos de 30 años cree que el feminismo no es necesario porque ya existe igualdad

Así mismo, sí se observa un cambio significativo de tendencia en el inicio de relaciones sexuales a edades tempranas, ya que el porcentaje de jóvenes que manifiesta haber mantenido relaciones sexuales antes de los 16 años se ha incrementado. Mientras que en el año 2004 este porcentaje era únicamente del 7,7 %, en 2008 se situó en un 14 %, en el 2012 en 17 %, para llegar a un 21 % en 2023.

Referentes, vínculos y nuevas necesidades: hacia masculinidades diversas

Frente a este contexto, se hace evidente la necesidad de generar nuevos referentes afectivos y sexuales. La adolescencia no solo requiere información, sino espacios seguros donde poder pensar, sentir y construir vínculos desde el respeto y la autenticidad.

Uno de los grandes desafíos actuales es la construcción de masculinidades diversas y saludables. La falta de modelos alternativos deja a muchos chicos expuestos a discursos simplistas y polarizados. Por eso, iniciativas que promueven espacios de reflexión, cuidado y comunidad resultan clave para ofrecer otras formas de ser hombre alejadas de la violencia y la dominación. Por suerte empiezan a surgir colectivos que analizan las nuevas masculinidades y el impacto del cambio de los hombres sobre las mujeres (Eraizki) y páginas web como bróder.org que ofrecen un espacio de confianza para poder repensar la masculinidad. Porque es cierto que muchos hombres no se están sintiendo bien, y cada vez más chicos están atrapados en un modelo que les dice cómo “deben ser” para ser aceptados: duros, invulnerables y competitivos. Si no encajan ahí, la respuesta es inmediata: “no eres lo bastante hombre”, “no das la talla”; y la presión crece cuando los referentes que encuentran en internet no hacen más que reforzar esa idea, colocándolos constantemente a prueba.

heteropesimismo: un desencanto creciente que refleja la persistencia de desigualdades y la necesidad de repensar los vínculos

En paralelo, emerge el fenómeno del heteropesimismo: un desencanto creciente, especialmente entre mujeres jóvenes, hacia las relaciones heterosexuales tradicionales. Este malestar refleja la persistencia de desigualdades y la necesidad de repensar los vínculos desde la reciprocidad, el deseo compartido y la igualdad. Conceptos como trad wife o bodycount son devastadores para las mujeres, nos impiden vivir nuestra sexualidad libremente ya que es una estigmatización de la libertad sexual y el deseo de las mujeres. Otra vez quieren quitarnos el placer de ser sujetos deseantes.

Asimismo, se observan transformaciones en la vivencia del deseo: desde su inhibición hasta su desplazamiento hacia lo digital. Sexting, emojis, filtros, imágenes generadas por IA… El deseo no desaparece, pero se reconfigura. La hiperexposición, la virtualización de los vínculos y la falta de espacios de elaboración simbólica dificultan ese cambio hacia relaciones respetuosas e igualitarias.

Conclusión: repensar el papel adulto y acompañar el deseo

El análisis del deseo adolescente en la actualidad nos sitúa ante una evidencia: no estamos ante una crisis del deseo, sino ante su transformación. En este proceso, el papel de los adultos —familias, educadores, profesionales— resulta fundamental.

Es necesario revisar el lugar que ocupamos como referentes, abandonando posiciones paternalistas y apostando por un acompañamiento basado en la escucha, el respeto y la corresponsabilidad. La educación afectivo-sexual no puede limitarse a la prevención de riesgos, sino que debe abrir espacios para pensar el deseo, los vínculos y la ética de las relaciones.

Como apuntaba Jung, la sexualidad no puede entenderse únicamente desde lo físico, sino como parte de un proceso más amplio de construcción del yo y de búsqueda de conexión. En este sentido, acompañar el deseo adolescente implica también acompañar procesos de individuación, de sentido y de vínculo.

Eva Illouz ya lo predijo cuando acuñó el término de “capitalismo emocional”:  la búsqueda del amor en las apps, los vínculos descartables y la happycracia nos han llevado a un agotamiento emocional que está generando mucho sufrimiento.

La pregunta, entonces, no es solo qué hacen los adolescentes con su deseo, sino qué referentes les estamos ofreciendo. Entre la reproducción de discursos dañinos o la posibilidad de transformación, la responsabilidad colectiva es clara: generar condiciones para que el deseo pueda vivirse desde la libertad, el cuidado y la autenticidad.


Bibliografía

  • César del Amo, I. (2024). Me cago en las apps de ligar.
  • García-Mingo, E. (2023). Estudios sobre manosfera y juventud.
  • Mariño, M.(2026). Sexpidemia.
  • Montero Álvarez, S. La manosfera y la política. Revista Sexpol.
  • Navarro Mantas, L., & Sáez Lumbreras, A. (2024) Sexualidad y amor en la adolescencia: una materia pendiente. Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (Universidad de Granada).
  • Ubieto, J. R. Adolescencias del siglo XXI: del frenesí al vértigo.
  • FAD Juventud (2025). Informe sobre educación sexual y juventud. Barómetro de Juventud y Género.
  • Revista Española de Salud Pública. Percepción de violencia en el noviazgo adolescente.
  • Infobae (2025). El deseo infantil y adolescente hoy: entre la inhibición, la angustia y la anticipación.

Webgrafía

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