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Filogénesis del comportamiento sexual humano

Alba González Velasco
Máster en Sexología y Género

Resumen:

Conocer la historia evolutiva de nuestra especie permite investigar el comportamiento sexual de la misma. Concebir la reproducción como la unidad mínima del proceso evolutivo es clave para entender la supervivencia de los seres humanos. La adaptación a un nuevo ecosistema por parte de los homínidos trajo consigo la bipedestación que, a su vez, fue desarrollando paulatinamente variaciones biológicas, psicológicas y sociales. 

Palabras clave: evolución, sexo, reproducción, sexualidad, homínidos, feminismo. 

¿DE DÓNDE VENIMOS?

La abiogénesis sucedió, según las teorías científicas más extendidas, hace 4.000 millones de años (Guillén-Salazar y Pons-Salvador, 2002). Posteriormente, los seres vivos comenzaron a evolucionar a través de otro organismo, descartando la posible herencia de materia inerte.  A esto se le conoce como biogénesis. 

Según Carrobles (1990) «para que algo evolucione debe conducir finalmente al éxito de la reproducción.» 

La reproducción es una consecuencia de interacción que no necesariamente se da entre dos sexos.

Así, se distinguen dos principales formas reproductivas:

  • Asexual: los descendientes provienen de una o varias células de un único organismo de su misma especie. 
  • Sexual: unión de dos gametos provenientes de dos seres que darán lugar a un tercer organismo.

Esta última es propia del ser humano, donde cada uno de los portadores ofrece gran variabilidad fenotípica a sus descendientes.  Mientras, la asexual da lugar a seres idénticos a no ser que se produzcan mutaciones (Guillén-Salazar y Pons-Salvador, 2002).

Dentro de las diferencias reproductivas sexuales entre especies, se distinguen dos formas de fecundación:

  • Externa: la hembra deposita los huevos y el macho esparce su esperma en ellos. 
  • Interna: los gametos – óvulo y espermatozoide – se juntan dentro del cuerpo de la hembra a través de la cópula (hay seres que no tienen pene sino espermatóforos) (Cordero y Santolamazza, 2009).

El sistema reproductivo humano -interno – proviene de la herencia reptiliana.  A partir del momento en el que los reptiles abandonan el medio acuático (por la creación de membranas extraembrionarias que dejan envuelto al embrión dentro de un líquido), se empezó a establecer en otros seres vivos. Esto acarreó la propagación de virus, bacterias y todo tipo de infecciones parecidas a las que se conocen actualmente (Guillén-Salazar y Pons-Salvador, 2002).

EVOLUCIONISMO Y SELECCIÓN SEXUAL

Darwin, en su libro ´La evolución de las especies´ (1859) explica que los organismos que presentan atributos mejores adaptados al medio asegurarán su supervivencia, ergo, su descendencia. Esto es lo que se conoce como selección natural.

En ´El origen del hombre y la selección en relación al sexo´ va más allá:

«Aquí nos concierne solo la selección sexual. Esta depende de las ventajas que algunos individuos tienen sobre otros del mismo sexo y especie solamente en relación a la reproducción» (Darwin, 1871).

La selección sexual comprende dos comportamientos: la lucha competitiva de los machos por el apareamiento y la actitud selectiva de las hembras. En algunas especies las hembras se aparean con varios machos durante su periodo fértil. Esto supone para ellas la seguridad de transmitir el 50% de sus genes a sus progenitores (Baker y Bellis, 1995). Sin embargo, el macho podría iniciar la «Competición espermática» (Paker, 1970) – luchar contra los gametos de los adversarios- de diferente manera: 

  1. Extraer el esperma del rival e inseminar después.
  2. Eyacular gran cantidad de esperma para retirar la del contrario.
  3. Estimulación que provoca la expulsión del esperma rival del cuerpo de la hembra (Cordero y Santolamazza, 2009).

A esta teoría Trivers (1972) añadió lo que se conoce como «inversión parental».  El macho solo invierte en la producción y transmisión de sus gametos, mientras que el compromiso biológico de la hembra va más allá de aportar su óvulo, esta se implica durante todo el embarazo y en la posterior lactancia (Hernández López y Cerda Molina, 2012).

En caso de embarazo, no podría engendrar otro ser hasta dentro de 9 meses, mientras que los varones siguen fabricando millones de espermatozoides al día, siendo capaces de inseminar a otras féminas. Por ese motivo ven a las hembras como un recurso limitado y compiten por ellas.  Estas seleccionan a su pareja mirando que tenga la mayor calidad genética y esté dispuesto a asegurar la supervivencia de las crías generando mayores recursos por periodos extendidos. (Beach y Ford, 1978). He aquí la raíz de primar la poliginia y la fidelidad femenina. 

Sin embargo, el ser humano es una de las escasas especies de mamíferos en la que los varones cuidan de sus crías mínimo hasta que llegan a la edad reproductiva. 

PRIMATES VS HUMANOS

Los primates son los parientes filogenéticos más contiguos a la especie humana. Por su proximidad los zoólogos suelen realizar exhaustivas comparaciones para dar respuesta a la evolución del comportamiento humano, sexual en este caso.  Antaño se encontró cierta concordancia entre las actitudes de estos simios con respecto a la de los homínidos. De hecho, algunas de ellas aun siguen vigentes. Sin embargo, a continuación se presentan las principales características evolutivas que hacen al ser humano distinto de sus antecesores:

  1. Desaparición del celo.
  2. Desaparición de hueso peneano.
  3. Invención del apego y el amor.
  4. Dominación masculina.

Desmond Morris en ´El mono desnudo´ (1967) analiza el comportamiento diferencial entre primates y seres humanos a la hora de elegir pareja dividiéndolo en tres fases:

  1. Formación de pareja: fase el cortejo, intento de conquistar al otro sin necesidad de contacto físico. Puede durar semanas o meses.
  2. Fase precopulativa: se realizan contactos corporales. Buscan la intimidad (invención del pudor). El contacto bucal adquiere protagonismo, incluso con otras partes del cuerpo. 
  3. Cópula: la más breve. Inserción del pene en la vagina cuyo objeto es la fecundación. 

El placer cobra gran importancia para la supervivencia de los homínidos. Carrobles (1990) expone tres principios por los que es necesario:

  1. Tasa diferencial de reproducción: número de descendientes posibles. Cuanto menor sea la tasa, mayor será el placer.
  2. Ocultación de la ovulación: en su mayoría, las hembras de diferentes animales manifiestan de forma evidente su estro. La mujer no manifiesta de manera axiomática su época fértil. Por eso, el placer es necesario para garantizar la fecundación, incrementando el número de coitos. (Aunque existen varios métodos para conocer la ventana fértil de la mujer).
  3. Sincronía entre la ovulación y el apareamiento: el orgasmo aparece en las hembras para facilitar una mayor frecuencia de actividad sexual y, así, asegurar la reproducción.

Bien es cierto que la mayoría de los cambios entre el linaje de los antepasados y los humanos han afectado principalmente a las féminas. Por eso, se presenta una pequeña tabla explicativa con los cambios más importantes que le supuso a esta.

CambioBreve explicación
Deseo sexual en los días infértilesReceptividad durante todo el ciclo debido a la producción constante de hormonas a niveles activos.
Deseo sexual en el posparto y embarazoTras los primeros meses de lactancia la madre puede sentirse atraída. También durante el embarazo.
MultiorgasmiaOrgasmos consecutivos. En su mayoría, las primates no tiene capacidad orgásmica.  
Salida del clítoris al exteriorEn algunas mamíferas el clítoris es un órgano exclusivamente interno. 
Supresión de reflejos instintivos Variedad de posturas.
Diferentes elementos de atracciónLos genitales pasan a un segundo plano.
Mayor erotismoSeparar la sexualidad de la reproducción.
Pérdida mecanismos de frenoViolación.

Título: Cambios en la mujer.

Autor: Elaboración propia.

FEMINISMO Y EVOLUCIONISMO ¿COMPATIBLES?

Es precisamente este último apartado uno de los más criticados por el pensamiento feminista. Se habla de pulsión copulatoria para hacer referencia a el instinto biológico de los machos que garantiza la reproducción y, por ende, la evolución de la especie. Un estado de represión sexual femenina generando un modelo de dominación masculina machista que participa dentro del sistema patriarcal (Fernández, 2015). 

La psicología evolucionista distingue a los sexos únicamente teniendo en cuenta el tipo de gametos que produce. Así un macho es aquel que genera espermatozoides y una hembra óvulos.

Para el feminismo estudiar las causas diferenciales de dos sexos podrían propiciar al crecimiento de estereotipos y roles que envuelven al género. Pero según Griet Vandermassen, feminista y psicóloga evolucionista, «no es sexista reconocer que la biología afecta a la conducta de hombres y mujeres de forma diferenciada» (Monasterio Astobiza, 2014) 

Por último, se reivindica la desaparición temporal de las mujeres en la evolución. Durante un periodo diversos estudios otorgaron gran valor al hombre cazador, convirtiendo la caza en uno de los aspectos primordiales de la supervivencia. Hoy, se conoce que la alimentación cárnica fue introducida poco a poco en sus dietas, pues principalmente se alimentaban de frutos recolectados por las hembras (Pérez Sedeño y García Dauder, 2017).

CONCLUSIÓN

La selección natural sigue presente en la especie humana. Los fenotipos cambian heredando los caracteres de los individuos mejor adaptados al medio. 

La transición a la vida urbana a supuesto muchos cambios en el comportamiento humano, aunque prevalecen actitudes similares a las de sus antepasados: pautas de cortejo, estrategia de reproducción, atracción de caracteres secundarios… Sin embargo, se otorga mayor importancia a características cognitivas que a físicas. 

Dar mayor importancia a valores alejados de la singamia hace que la especie se desinterese por maximizar el éxito individual. Además, el sexo deja de ser un instrumento al servicio de la reproducción, ahora prima el placer y se promueve el uso métodos anticonceptivos. Esto ha favorecido la aceptación de una sexualidad más diversa, no puramente heterosexual. 

Es cierto que hay diferencias biológicas entre sexos pero estas no determinan cómo ha de comportarse cada género. Lawrence Summers, en 2005, afirmó que las mujeres  presentaban una incapacidad innata para conseguir ciertos propósitos (Pérez Sedeño y García Dauder, 2017).

«En la hembra…se dice que la formación de su esqueleto está entre el niño y el hombre.» (Darwin, 1871)

Pero que el cerebro femenino sea más pequeño que el del hombre «no afecta a la eficacia del cerebro ni a la inteligencia general » (Burgaleta, 2012).

A menudo se han justificado este tipo de afirmaciones para mantener a la mujer en un papel subordinado, fuera de la esfera pública y desempeñando su única función reproductiva (Pérez Sedeño, 1997). Este tipo de afirmaciones se basan en una tradición cultural androcentrista y carecen de evidencia científica.  

La llamada pulsión copulatoria, mayor impulso sexual en los varones debido a la constante expresión erótica femenina, no es más que un modo de justificar la violencia. En el mundo animal se considera – la violación – una estrategia reproductiva.  Sin ella, la herencia genética de algunos machos quedarían en el olvido. Por eso, siempre tiene lugar dentro del estro. No se puede hablar de estrategia reproductiva si se usan preservativos, no es fértil, se asesina…

Esta primitiva conducta masculina no concuerda con la sexualidad humana racional presente en nuestros días, donde los derechos sexuales promueven el respeto y la igualdad ciudadana. 

De hecho, la nueva ley de violencia de género pone en manifiesto la importancia del consentimiento. Lo que supone mantener un autocontrol de las supuestas pulsiones respetando las libertades de cada persona.

En definitiva, para que las teorías evolucionistas y el feminismo se den de la mano convendría reconocer el papel activo de la mujer en los procesos evolutivos, apartando la visión androcentrista. 

BIBLIOGRAFÍA

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Hernández López, L. y Cerda Molina, A. (2012). La selección sexual en los humanos. Salud Mental, 35(5), 405-410. 

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Monasterio Astobiza, A. (2014). ¿ES POSIBLE UNA CONCILIACIÓN ENTRE LA PSICOLOGÍA EVOLUCIONISTA Y EL FEMINISMO? Universidad del País Vasco, 22(42), 227-242.

Recuperado de:  https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5638245

Morris, D. (Ed.). (1967). El mono desnudo. Reino Unido: DEBOLSILLO

Pérez Sedeño, E. y Garcías Dauder, S.  (2017). Las «mentiras» científicas sobre las mujeres. Falsedades científicas (pp. 22-32)

España: La Catarata

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Gran Bretaña: Hard Nut

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