Se llevó a cabo un estudio descriptivo con enfoque mixto en 218 mujeres, a través de un cuestionario con 16 ítems tipo Likert y una pregunta abierta, organizados en tres dimensiones: (1) autoconcepto sexual y autoestima, (2) obstáculos y bloqueos en la experiencia sexual, y (3) condicionantes socioculturales y mandatos de género. El análisis combinó estadísticos descriptivos, percentiles y correlaciones preliminares con un abordaje cualitativo que recogió matices narrativos, contradicciones y vivencias no captadas desde lo cuantitativo.
Los resultados cuantitativos muestran que, aunque existe un consenso mayoritario en torno al derecho a explorar y disfrutar la sexualidad, persisten desigualdades en su vivencia. La autoestima erótica se asocia con mayor deseo, comunicación y disfrute, mientras que la culpa, la vergüenza y los mandatos de género limitan la conexión con el cuerpo y el placer. Las narrativas cualitativas evidencian que la sexualidad se presenta como un proceso dinámico, cambiante y no lineal, atravesado por etapas vitales, vínculos afectivos y contextos culturales.
Las conclusiones subrayan la necesidad de replantear la intervención sexológica desde una perspectiva integral que combine la deconstrucción de discursos limitantes, el fortalecimiento de la autoestima sexual y el fomento de la reflexión personal. El cuestionario diseñado se propone como herramienta clínica y comunitaria para abrir conversaciones y acompañar procesos de empoderamiento erótico. Ser una “mujer sexual” aparece, en definitiva, como un camino de reconexión con el cuerpo, el deseo y la libertad. El cuestionario es una herramienta valiosa para iniciar diálogos y empoderar.
Palabras clave: sexualidad femenina; autoconcepto sexual; autoestima sexual; deseo sexual; mandatos de género; empoderamiento erótico.
ABSTRACT
Female sexuality has historically been silenced and shaped by restrictive discourses and gender mandates. This study examines how adult women perceive themselves as sexual beings, focusing on the relationship between erotic self-concept, desire, self-esteem, guilt, shame, and sociocultural constraints.
A descriptive mixed-methods study was conducted with 218 women using a questionnaire of 16 Likert-scale items and one open-ended question, organized into three dimensions: (1) sexual self-concept and self-esteem, (2) obstacles and blockages in sexual experience, and (3) sociocultural constraints and gender mandates. Quantitative analysis employed descriptive statistics, percentiles, and preliminary correlations, complemented by qualitative analysis that captured narrative nuances, contradictions, and lived experiences.
Findings show that while most participants defend the right to explore and enjoy sexuality, inequalities persist in its practice. Erotic self-esteem is associated with greater desire, communication, and enjoyment, whereas guilt, shame, and gender mandates hinder bodily connection and pleasure. Female sexuality emerges as a dynamic, non-linear process shaped by life stages, relationships, and cultural contexts.
The conclusions highlight the need to rethink sexological intervention from a comprehensive perspective, combining the deconstruction of limiting discourses, the strengthening of sexual self-esteem, and the promotion of personal reflection. The questionnaire is proposed as a clinical and community tool to foster meaningful dialogue and support erotic empowerment. Ultimately, being a “sexual woman” is a journey of reconnection with the body, desire, and freedom.
Keywords: female sexuality, sexual self-concept, sexual self-esteem, sexual desire, gender mandates, erotic empowerment
INTRODUCCIÓN
La sexualidad es una parte esencial de la experiencia, pero en mujeres, su vivencia se ha visto históricamente condicionada por condicionantes culturales y sociales que han restringido la legitimidad de su deseo y la posibilidad de vivir el placer de manera autónoma. La construcción social de “ser mujer” ha estado vinculada a discursos de control sobre el cuerpo y la sexualidad, lo que ha derivado en sentimientos de vergüenza, culpa y desconexión.
El autoconcepto sexual —la manera en que una persona se percibe como ser sexual— constituye un eje central en esta experiencia. Este concepto incluye dimensiones como la autoestima erótica, la sensación de competencia en la vivencia sexual y la posibilidad de integrar el deseo como parte legítima de la identidad personal. En las mujeres, este autoconcepto se construye en diálogo constante con factores sociales, familiares y culturales que determinan en gran medida la forma de relacionarse con la sexualidad.
Partiendo de esta premisa, la presente investigación se propuso explorar la autopercepción de las mujeres adultas como seres sexuales, atendiendo a cómo el autoconcepto, la autoestima, el deseo, la culpa y la vergüenza se relacionan con los condicionamientos socioculturales y con la vivencia del placer.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisón exhaustiva de la literatura en bases de datos priorizando textos en español e inglés, posteriores a 2015, con perspectiva de género y enfoque no patologizante.
El estudio adoptó un diseño transversal, descriptivo y exploratorio con un enfoque mixto, que permitió integrar tanto información cuantitativa como cualitativa.
La muestra estuvo compuesta por 218 mujeres adultas, seleccionadas mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia. La participación fue voluntaria, anónima y difundida a través de redes sociales. No se aplicaron criterios de exclusión estrictos, con el fin de recoger diversidad de experiencias, edades y contextos.
El cuestionario incluía dos bloques:
- Bloque cuantitativo: 16 ítems tipo Likert (escala de 1 a 5) distribuidos en tres dimensiones:
- Autoconcepto y autoestima sexual.
- Obstáculos y bloqueos en la experiencia sexual.
- Condicionantes socioculturales y mandatos de género.
- Bloque cualitativo: una pregunta abierta que invitaba a reflexionar sobre qué significa ser una mujer sexual y cómo se percibe la propia vivencia.
El análisis cuantitativo incluyó estadística descriptiva básica y correlaciones preliminares. El análisis cualitativo se realizó mediante lectura, codificación manual y organización en tres temas principales y subtemas.
RESULTADOS
El análisis mixto revela una compleja autopercepción sexual en mujeres adultas, con tendencias de empoderamiento, pero también barreras significativas.
Resultados Cuantitativos
Cuestionario respondido por N = 218 mujeres.
Ítems con mayores acuerdos:
Hay alto consenso en el derecho a disfrutar del sexo (Media = 4.72), la exploración del placer solo o acompañado (Media = 4.13), y sentirse libre para expresar deseos sin juicio (Media = 3.75). Este último, sin embargo, muestra dispersión, sugiriendo autocensura en algunas.
Ítems con acuerdos moderados:
Se observa una tendencia positiva pero con más variabilidad en sentirse deseable (Media = 3.67), conectada con el cuerpo (Media = 3.67), considerarse una persona sexual (Media = 3.64), y facilidad para hablar de sexo sin vergüenza (Media = 3.54). La dispersión indica dificultades en estos aspectos para un segmento de la muestra.
Ítems con menor acuerdo o problemas mayores:
Revelan áreas de malestar: sentir culpa o incomodidad al desear/disfrutar (Media = 2.32), dificultad para identificar qué gusta/da placer (Media = 2.32), y dificultad para decir no (Media = 2.36). Aunque una parte no experimenta estas dificultades, otra significativa sí.
Ítems con mayor dispersión (heterogeneidad):
Muestran gran variabilidad en la vivencia del deseo («debería tener más/menos deseo», DE = 1.46), sentirse juzgada por desear «demasiado/muy poco» (DE = 1.43), priorizar el deseo ajeno (DE = 1.21), o el miedo al juicio (DE = 1.38). Esto refleja la diversidad de experiencias y contradicciones internas o sociales.
Categorías emergentes del análisis cuantitativo:
- Autoconcepto sexual y autoestima (Media general = 3.97): Acuerdo moderado-alto, con tendencia positiva hacia un autoconcepto sexual saludable, aunque con grupos que aún enfrentan dificultades.
- Obstáculos y bloqueos en la experiencia sexual (Media general ≈ 2.48): Nivel bajo-moderado de acuerdo, indicando que muchas no experimentan estos bloqueos intensamente, pero una proporción considerable sí.
- Condicionantes socioculturales y mandatos de género (Media general = 2.93): Percepción moderada y diversa de estas influencias sociales.
Los resultados cuantitativos muestran un autoconcepto sexual positivo en muchas, pero coexistiendo con obstáculos emocionales y la influencia de mandatos de género.
Análisis correlacional preliminar:
- Las mujeres que se perciben deseables tienden a identificarse como personas sexuales.
- La autoexigencia sobre el deseo se asocia a culpa o incomodidad al disfrutar.
- La comparación con otras mujeres se vincula al miedo al juicio social.
- Un autoconcepto sexual positivo se asocia con mayor autoestima erótica, deseo y satisfacción sexual.
- La culpa y la vergüenza correlacionan negativamente con el autoconcepto y la autoestima sexual.
- Las mujeres con baja autoestima sexual mostraban más dificultad para expresar límites y mayor tendencia a priorizar el placer ajeno.
Resultados Cualitativos
El análisis temático de 57 respuestas cualitativas (26.14% de la muestra) ofreció riqueza narrativa, complementando los datos cuantitativos.
Categorías emergentes cualitativas:
- a) Autoconcepto: ¿qué es ser una mujer sexual? (21.1%): Definiciones ligadas a libertad, deseo, autoestima, empoderamiento y conexión corporal. Un 5.3% no encajaba en normas (ej. asexualidad). El 36.8% describió la sexualidad como un proceso cambiante y no lineal, con transformación hacia experiencias más plenas. Un 7.0% mencionó experiencias negativas/traumáticas que afectaron el deseo, con procesos de recuperación.
* Sexualidad en etapas vitales: Adolescencia (inseguridad) vs. madurez (autoconocimiento). Maternidad (7.0%) y menopausia (3.5%) influyen en el deseo. El estrés (3.5%) también interfiere.
* Imagen corporal y complejos físicos (8.8%): Afectan directamente la sexualidad, limitando la entrega y el disfrute.
* Factores facilitadores del cambio: Espacios seguros (3.5% – terapia, amigas) y la pareja como agente facilitador (22.81% – vínculo, confianza, comunicación) fueron clave para un cambio positivo. El autoconocimiento y la exploración personal también empoderan.
- b) Condicionantes socioculturales y mandatos de género (29.8%):
* Educación sexual y silencio familiar (10.5%): Crecieron sin referencias claras, necesitando «desaprender y reeducarse».
* Mandatos de género y comparación social (10.5%): Presión por «rendir», «demonización» de la mujer sexual, y comparación con otras mujeres o parejas.
* Cambio intergeneracional (1.8%): Valoración de una generación más abierta a hablar de sexualidad y consentimiento.
- c) Obstáculos y bloqueos en la experiencia sexual (28.0%):
* Culpa, vergüenza y miedo al juicio (14.0%): Malestar emocional por desear, decir no, o disfrutar, vinculado a creencias internalizadas. El miedo a ser juzgada es persistente.
* Dificultades en la expresión de deseos y límites (14.0%): Relatos de dificultad para comunicar deseos, decir no o priorizar el propio placer, evidenciando patrones de complacencia.
En síntesis, los resultados cualitativos revelan las tensiones, aprendizajes y desafíos que enfrentan las mujeres al construirse como sujetos sexuales, confirmando que la sexualidad se forma en interacción con el entorno y la biografía personal.
DISCUSIÓN
El estudio exploró la autopercepción de las mujeres adultas como seres sexuales, cumpliendo sus objetivos mediante una metodología mixta. Esto permitió cuantificar y comprender las narrativas subjetivas de una experiencia sexual no lineal, fluida y relacional, influenciada por factores históricos, sociales y afectivos.
Cumplimiento de los objetivos
El objetivo general se alcanzó al explorar la autopercepción sexual como un recorrido transformador. El primer objetivo específico se cumplió al confirmar relaciones sólidas entre el autoconcepto sexual y variables como el deseo, la autoestima, la culpa y los condicionamientos de género. Las mujeres con alta autoestima sexual mostraron menor culpa y mayor capacidad de exploración. Los mandatos sociales ejercen una fuerte presión, generando autoexigencias y comparaciones. El segundo objetivo específico se logró al recoger las aportaciones cualitativas sobre las vivencias de ser una «mujer sexual», identificando temas como la culpa, el juicio, los complejos físicos, las dificultades en la expresión del deseo, y el papel de la pareja y la educación.
Contraste con las hipótesis
- Hipótesis 1 (Autoconcepto positivo 🡪 Mayor autoestima, deseo, placer y satisfacción): Comprobada. Los datos cuantitativos y cualitativos confirman que una autopercepción sexual positiva se correlaciona con una vivencia más placentera. El deseo es cambiante, pero el autoconcepto puede reconstruirse.
- Hipótesis 2 (Condicionantes sociales 🡪 Autoconcepto negativo): Confirmada. El juicio social, el miedo al qué dirán y la comparación se correlacionaron negativamente con el autoconcepto sexual, mostrando cómo los mandatos de género y la presión externa afectan negativamente la autoimagen erótica.
- Hipótesis 3 (Educación insuficiente 🡪 Dificultades en autoconcepto empoderado): Correcta. Las participantes que crecieron en entornos de silencio o represión identificaron explícitamente estas carencias como obstáculos, necesitando «reeducarse». Esto subraya la necesidad de una educación sexual integral y positiva.
Principales resultados obtenidos
El análisis conjunto de los datos cuantitativos y cualitativos dibuja un mapa sexual femenino lleno de matices, donde las cifras cuentan una parte de la historia y las voces de las mujeres la completan. A partir del análisis conjunto de los datos cuantitativos y cualitativos, se pueden destacar los siguientes resultados significativos:
- Beneficios del autoconcepto positivo: Se asocia a mayor autoestima, deseo y placer.
- Influencia de emociones negativas: Culpa, vergüenza y miedo al juicio limitan la autoestima y la expresión, a menudo por mandatos de género.
- Deseo dinámico: Fluctuante y relacional, afectado por etapas vitales y circunstancias (adolescencia, maternidad, estrés).
- Impacto sociocultural: Falta de educación sexual, mandatos de género y comparación social son barreras significativas.
- Papel de los vínculos: Parejas respetuosas y espacios seguros (terapia, amigas) son facilitadores clave para una sexualidad plena.
En resumen, la mayoría reconoce el derecho al placer, pero enfrenta barreras internas y externas. La autoestima sexual es central, pero su distribución es heterogénea. «Ser una mujer sexual» es un camino continuo de reconexión con el cuerpo, el deseo y la libertad.
Limitaciones del estudio
- Muestra autoseleccionada: la muestra, obtenida por conveniencia, limita la generalización de resultados, además de ser un posible sesgo.
- Bajas respuestas cualitativas: menos respuestas en la sección abierta, sugiriendo preguntas más acotadas en el futuro.
- Cuestionario no validado: diseño propio sin validación completa.
- Ausencia de variables sociodemográficas detalladas: lo que impide el análisis interseccional.
- Alcance cuantitativo limitado: podría incluir más dimensiones (ej., consentimiento, violencia sexual).
- Análisis descriptivo/correlacional: no se avanzó a modelos explicativos complejos.
- Subjetividad del análisis cualitativo: realizado por una persona, limitando la triangulación.
Propuesta de mejora y de intervención
El cuestionario, como herramienta exploratoria no diagnóstica, puede usarse en terapia sexual y de pareja para abordar el deseo y los bloqueos, facilitando la autorreflexión y el diálogo desde un enfoque no patologizante. Se propone su uso en talleres grupales y espacios comunitarios para fomentar el reconocimiento mutuo y el empoderamiento erótico. Se recomienda mejorar y validar el instrumento, ampliando sus dimensiones (ej., consentimiento, fantasía). Finalmente, este trabajo tiene potencial para proyectos de divulgación en redes y plataformas educativas, extendiendo el conocimiento sobre la sexualidad femenina desde el placer y la autonomía.
CONCLUSIÓN
Este estudio no solo ha sido un trabajo académico, sino un proceso personal que busca abrir una conversación sobre la sexualidad femenina, aún silenciada. Ser una «mujer sexual» es un proceso complejo, atravesado por la historia personal, vínculos y mandatos sociales. Los resultados confirman que el autoconcepto sexual no es estático; se construye, cuestiona y varía a lo largo del tiempo. A pesar de obstáculos, la mayoría de las mujeres buscan y persiguen vivir su sexualidad libre y conscientemente.
Existen dos discursos: la creciente conciencia del derecho al placer y la persistencia de barreras emocionales, sociales y relacionales. Quienes se sienten deseables y con derecho a disfrutar tienen mayor autoestima erótica y facilidad para expresar deseos. Aquellas con culpa o miedo al juicio experimentan menor conexión corporal y dificultad para poner límites.
Los relatos cualitativos revelan una sexualidad cambiante, marcada por etapas vitales y experiencias negativas, pero también por el redescubrimiento y el empoderamiento. Factores protectores como la terapia y relaciones respetuosas son cruciales.
En este sentido, el cuestionario empleado ha demostrado ser útil para abrir una conversación, funcionando como una herramienta valiosa para abrir preguntas, más que para ofrecer respuestas cerradas. Sirve para ofrecer un espejo donde mirarse sin imposiciones, como punto de partida para reflexionar sobre lo aprendido y lo que se quiere aprender. Aplicado en terapia puede convertirse en un instrumento útil para iniciar procesos de toma de conciencia, para señalar patrones, para validar formas de sentir o para visibilizar tensiones. En espacios grupales también puede servir como medio para el reconocimiento de vivencias comunes, el cuestionamiento de discursos heredados y la resignificación del cuerpo y el placer desde un lugar más libre y consciente.
Creo firmemente que la sexualidad es un espacio de poder, pero también uno de los territorios donde más se ha ejercido control sobre las mujeres y recuperarlo no es fácil. Muchas veces hay que desaprender antes de aprender. Y la terapia, la educación sexual, los círculos de mujeres, la investigación y la divulgación pueden (y deben) ser espacios que acompañen ese proceso.
La conclusión más poderosa que deja este trabajo es que no existe una única forma de ser “mujer sexual”. Lo que sí existe es la necesidad, urgente y compartida, de que cada mujer tenga la oportunidad de definirse, de reconocerse como sujeta deseante y valiosa, y de encontrar su manera particular de habitar la sexualidad. Porque quizá el verdadero punto de partida no sea responder a si una se siente o no una mujer sexual, sino atreverse a preguntárselo, y permitirse construir la respuesta.
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