Andrea Giner 
Del descontento generalizado a la reconquista de los vínculos
El presente artículo de revisión plantea una disección crítica y profunda de los vínculos sexo-afectivos contemporáneos,evaluando de qué manera estos han sido absorbidos por las lógicas del mercado capitalista y la sobrecarga productiva.
En la actual era del rendimiento, el encuentro íntimo ha dejado de ser un refugio de vulnerabilidad para convertirse en un bien de consumo altamente regulado, mediado por aplicaciones de citas que cosifican los cuerpos, fomentan el “sexo acumulativo” (César del Amo 2024, citado en Cano V. 2025:98) y penalizan la diversidad. Paralelamente, el agotamiento sistémico y la inmensa carga mental anestesian el deseo genuino, afectando con especial virulencia a las personas socializadas como mujeres.
el valor de una persona en el mercado del deseo
se mide hoy por su capital estético
El objetivo vertebrador de este texto es analizar cómo el cruce entre este descontento vital, la hiper-individualización digital y el patriarcado perpetúa violencias silenciosas. A partir de este análisis, se plantea la urgencia de repensar el consentimiento, no como un escudo legal perfecto, sino como un diálogo vulnerable que nos permita construir relaciones verdaderamente éticas, libres, placenteras y subversivas.
Para desentrañar la vasta complejidad del panorama afectivo en la actualidad, este texto estructura su análisis en tres dimensiones fundamentales:
- La mercantilización de la intimidad: valoraremos críticamente como el diseño algorítmico de las plataformas digitales transforma a quienes las usan en perfiles consumibles.
- El colapso del deseo frente a la sobreexigencia y el descontento: se explorará de qué manera este nivel de exigencia actual agota la energía vital y desconecta a las personas de su propia sexualidad.
- La trampa de la hiper racionalidad en el consentimiento: estudiaremos la urgencia de ir más allá del marco contractual del consentimiento para adentrarnos en la complejidad del deseo.
El andamiaje teórico de este artículo requiere tejer puentes entre la sociología del consumo, la sexología crítica y la filosofia feminista. Desde el ámbito sociológico, Alba Cano V. nos alerta sobre cómo las plataformas digitales han instaurado un “escaparate capital” (Cano V. 2025:90) donde el cuerpo es producto.
Basándonos en pensadores como Zygmunt Bauman (2000), quien acuñó la liquidez de los afectos, y Eva Illouz (2007), teórica de la “cultura del consumo afectivo”, se evidencia que el valor de una persona en el mercado del deseo se mide hoy por su capital estético y su capacidad de generar interacciones.
Estos algoritmos no son herramientas neutrales,
están programados para producir sesgos patriarcales
Para profundizar en esta mercantilización algorítmica, resulta ineludible incorporar la exhaustiva investigación de Judith Duportail en su obra El algoritmo del amor: Un viaje a las entrañas de Tinder (Duportail 2019). Duportail, disecciona cómo estas aplicaciones operan mediante códigos opacos y sistemas de puntuación secretos (como el Elo Score) que evalúan, jerarquizan y clasifican a las personas según su nivel de deseabilidad. Su trabajo revela un aspecto aún más perverso: estos algoritmos no son herramientas neutrales, sino que están programados para producir sesgos patriarcales sistémicos.
Por ejemplo, el algoritmo llega a penalizar a mujeres mayores o con alto nivel educativo, favoreciendo emparejamientos donde el hombre ostenta una posición de superioridad sociodemográfica.
Esto demuestra que la supuesta libertad de elección tecnológica es, en realidad, un sistema diseñado para rentabilizar nuestras inseguridades y perpetuar desigualdades de género.
En esta misma línea, Paula Sibilia advierte sobre “la intimidad como espectáculo” (Sibilia 2008), donde la validación personal se mide a través de la exhibición pública. La magnitud de este fenómeno queda reflejado en los datos del CIS(2023), que confirman que más del 40% de la juventud utiliza estas herramientas, siendo el aspecto físico el principal criterio de selección para un 65% de estas personas.
Frente a este escaparate, el deseo se desvanece por puro agotamiento. La reconocida sexóloga Emily Nagoski (2015) disecciona perfectamente este fenómeno al explicar cómo el estrés crónico actúa como un freno biológico infalible para la libido; la sobrecarga impuesta por los estereotipos de género y la exigencia de encarnar a la “supermujer” (independiente, madre ejemplar y profesional de éxito) mantienen a las mujeres en un estado de alerta constante, dejándolas sin el descanso ni el espacio mental necesarios para el disfrute erótico. Esta desconexión vital se alinea con la perspectiva de Beatriz Serrano en su obra El descontento, donde retrata magistralmente la alienación moderna sumida en un letargo de cansancio crónico (Serrano 2023).
“Las vacaciones son como usar una tirita para tapar el corte de un hacha”.
Para confrontar este modelo hegemónico capitalista, resulta fundamental acudir a los planteamientos recogidos en la antología (h)amor (Continta me tienes 2015). En estas páginas autoras como Brigitte Vasallo nos advierten de cómo el sistema nos ha educado en la “escasez afectiva”, aplicando las reglas de la propiedad privada a nuestros cuerpos. Esta obra proporciona un marco para pensar las relaciones desde los márgenes, proponiendo éticas basadas en redes de cuidados y anarquía relacional, lejos de la posesión, recordando que el amor no es un recurso limitado que se gasta ni una propiedad que se acumula, sino una energía que sostiene la vida cuando se libera del mandato de la exclusividad y la jerarquía.
Finalmente, en el ámbito jurídico y ético, Estefanía Rodríguez subraya el avance histórico de la Ley Orgánica 10/2022 de garantía integral de la libertad sexual (“solo sí es sí»). Esta norma pone el consentimiento explícito en el centro de las interacciones, determinando que “la sola ausencia del consentimiento ya supone una violencia implícita” (Martinez 2022, citado en Rodríguez 2025:51).
No podemos exigir una certeza absoluta en cada encuentro.
Tenemos derecho a dudar, a explorar
Rodríguez, hace hincapié en que la intervención con supervivientes debe buscar “restablecer la reconexión con su sexualidad” (Rodríguez 2025:57). Sin embargo, la teórica Katherine Angel en El buen sexo mañana (Angel 2021) advierte de un riesgo sociológico: basar toda la ética sexual en la hiper-certeza contractual ignora la vulnerabilidad humana y la complejidad del deseo femenino, fuertemente reprimido durante siglos. En sintonía, la filósofa Clara Serra (2024) recuerda que el consentimiento debe ser entendido como un lenguaje cálido de encuentro y exploración, no simplemente como un peaje legal o un salvoconducto frente a la agresión.
A partir del marco teórico expuesto, se pueden plantear tres ideas centrales para guiar nuestra visión crítica y futuras líneas de trabajo.
La primera línea de trabajo que considero indispensable es, abordar las aplicaciones de citas no como simples herramientas asépticas, sino como entornos diseñados para precarizar los vínculos. Un modelo de consumo que engorda el ego temporalmente pero que nos vacía de forma estructural. Es prioritario acompañar a las personas para que logren desvincular su valor personal de las lógicas de descarte de un algoritmo.
Por otro lado, la politización del cansancio y el rescate del deseo. La reconquista del deseo, pasa, ineludiblemente, por fomentar la insumisión frente al cansancio: reapropiarse del cuerpo como un territorio exclusivo para el disfrute, entender que el placer es nuestro y alejarnos de las exigencias de rendimiento continuo.
Finalmente, la tercera línea de reflexión gira en torno a cómo habitamos el consentimiento en la intimidad. Si bien el avance legislativo es una conquista feminista innegable que nos protege frente a la cultura de la violación, también considero que no podemos exigirnos ni exigir una certeza absoluta en cada encuentro. Tenemos derecho a dudar, a explorar y a no tenerlo todo claro desde el principio. Promover una educación sexual donde la vulnerabilidad sea compartida, donde se pueda cambiar de opinión sin miedo ni culpa, y donde el buen trato nazca del cuidado, la empatía y la lectura de los cuerpos,y no de la simple evitación de una línea roja legal.
Un manifiesto por la desobediencia afectiva.
A modo de conclusión personal, considero que el mayor desafío sociológico y sexológico de nuestra era no es aprender a sobrevivir, ser resilientes o adaptarnos estoicamente al mercado de los afectos, sino hackearlo y sabotearlo desde sus cimientos.
Hagamos de nuestra carne un santuario libre de mercado
Tratar a otras personas y a nosotras mismas como perfiles consumibles nos empuja a una orfandad emocional intolerable. Nos han hecho creer que, si no cumplimos con los estrictos requisitos de un algoritmo que nos exige ser normativas, productivas y permanentemente complacientes, nuestro valor es nulo.
Ante este panorama devastador, la única respuesta válida es la desobediencia. No debemos enseñar a que las personas vuelvan a encajar como piezas funcionales en el engranaje del capitalismo sino acompañarlas en una huelga afectiva a favor del buen trato. Para subvertir esta mercantilización y construir vínculos verdaderamente emancipadores propongo las siguientes pautas:
- La masturbación como trinchera: Frente a un sistema que nos exprime, propongo el «egoísmo positivo» no como un parche de autocuidado new age para rendir mejor al día siguiente, sino como una declaración de guerra al mandato de la «supermujer». Tocarnos por puro placer, sin la urgencia de ser productivas ni de complacer a una mirada externa, es un sabotaje directo a la maquinaria capitalista. Es recuperar la soberanía sobre una piel que nos han enseñado a alquilar. El orgasmo en solitario, o el simple deleite de la exploración y la fantasía.
- Crianza insurrecta y explosión del binarismo: La erradicación de las violencias machistas no nacerá de parches en la adultez, sino de una auténtica «educación sexual degenerada» (Gallego Artiles 2025:78). Debemos dinamitar la «socialización diferencial emocional de género» que amputa la vulnerabilidad en los niños y exige el cuidado infinito a las niñas. Propongo una crianza insurrecta: dejemos de escanear los cuerpos infantiles con comentarios estéticos no solicitados y desterremos la falacia biológica (como la excusa de la testosterona) para justificar agresiones Regalemos a las infancias el derecho a ser inclasificables, rarezas hermosas libres de la asfixia binaria, cultivando el asombro por la diversidad en lugar del miedo a la diferencia.
- La rebelión de la torpeza: Reivindico el derecho absoluto a la ineficiencia afectiva; al cortejo lento, a los silencios incómodos y a la magia impredecible de conocer a alguien sin haber auditado previamente sus fotos o su biografía. En un mercado digital que nos exige compatibilidad inmediata y perfección estética, atrevernos a ser torpes y analógicas es una de las maneras de rescatar nuestra humanidad.
- El consentimiento como danza: rescatar el consentimiento de los despachos legales y devolverlo a la cama. Habitar el consentimiento como una coreografía cálida, tejida desde la vulnerabilidad y el cuidado. Para dinamitar el coitocentrismo y la tiranía del rendimiento, el buen sexo debe incluir el derecho al misterio, a dudar, a pausar y a no tenerlo todo claro. Relacionarse sanamente no es firmar un contrato libre de riesgos, sino pactar un espacio libre de coacciones donde cambiar de opinión sea celebrado como parte del juego erótico.
En definitiva, salir del escaparate capitalista es mucho más que un posicionamiento sexológico o político; es una declaración de amor incondicional hacia nuestra propia fragilidad. Hagamos de nuestra carne un santuario libre de mercado, y recordemos siempre que los vínculos que nos salvan la vida no son los que encajan en un catálogo sino aquellos que nos permiten ser, SIMPLE Y MARAVILLOSAMENTE HUMANAS.
Gracias por leerme ♥️
Bibliografía empleada:
- Angel, Katherine. 2021. El buen sexo mañana: Mujeres y deseo en la era del consentimiento. Barcelona: Editorial Anagrama.
- Bauman, Zygmunt. 2000. Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
- Cano V., Alba. 2025. «Escaparate capital, una aplicación y mi cuerpo.» Revista Sexpol 159:90-104.
- Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). 2023. Informe sobre el uso de aplicaciones de citas en España. Madrid: CIS.
- Continta me tienes (Ed.). 2015. (h)amor 1. Madrid: Editorial Continta me tienes.
- Duportail, Judith. 2019. El algoritmo del amor: Un viaje a las entrañas de Tinder. Barcelona: Contra.
- Gallego Artiles, Vanesa. 2025. «Educación Sexual degenerada.» Revista Sexpol 159:77-89.
- Illouz, Eva. 2007. Por amor al consumo. El amor en tiempos del capitalismo. Madrid: Editorial Taurus.
- Nagoski, Emily. 2015. Come As You Are: The Surprising New Science that Will Transform Your Sex Life. Nueva York: Simon & Schuster.
- Rodríguez, Estefanía. 2025. «Avances y desafíos en la intervención integral con mujeres supervivientes de violencia sexual.» Revista Sexpol 159:47-61.
- Serra, Clara. 2024. El sentido de consentir. Barcelona: Editorial Anagrama.
- Serrano, Beatriz. 2023. El descontento. Madrid: Editorial Temas de Hoy.
- Sibilia, Paula. 2008. La intimidad como espectáculo. Nuevas formas de subjetividad en la era digital. Buenos Aires: Editorial Siglo



