Andrea González González

Máster en Terapia Sexual, de Parejas y otros vínculos sexuales con perspectiva de Género


Resumen: En el día a día utilizamos términos como fetichismo o filia para definir gustos o fantasías sexuales que tenemos. Pero ¿Qué hay de verdad en lo que décimos? ¿Qué significan estos conceptos? ¿Qué son los kinks? ¿Y las parafilias? ¿Hemos parado a replantearnos cómo funcionan estas últimas? Las vemos en páginas pornográficas, pero ¿qué significa este concepto? Este artículo pretende hacer una aproximación a todos estos conceptos y debatirlos.


Gracias a Helen Singer Kaplan (y digo todo el nombre porque me parece imprescindible que se conozcan autoras mujeres que han sido decisivas en el mundo de la sexología) sabemos que existe la fase del deseo en las relaciones sexuales.

Esta fase, que ahora parece tan obvia, la definió por primera vez esta autora en el año 1970, cómo “sensación especifica que mueve al individuo a buscar experiencias sexuales o a mostrarse receptivo a ellas (…), producidas por un sistema neural especifico en el cerebro. “ (citada por Noa et al, 2014, p.515) El deseo sexual nos hace “tener las ganas a”, con uno mismo, con tu pareja, o con más persones, es lo que nos mueve.

Durante muchos años, la masturbación dependía de las fantasías sexuales o incluso de recuerdos que la persona tenia y, como mucho, se tenían revistas eróticas o porno, e incluso alguna cinta de video, a la que no todo el mundo tenía acceso. Las fantasías estaban en el cerebro de las personas, y ya sabemos, que el acto sexual, es un acto, en gran medida, cerebral y psicológico. Esta dimensión pues, se estimulaba.

Aproximadamente en los años 2000, llegó internet, y con éste, la pornografía de fácil acceso. Miles de millones de páginas, vídeos, imágenes, cortos, y hashtags de todas las prácticas que te puedas imaginar y más, en las que con un solo clic estás dentro de categorías, como por ejemplo en Pornhub, como; tríos, en pareja, pollas grandes, asiáticas, BDSM, milf, sexo con familiares, mamadas, anal, tetas grandes y culos grandes, bukakes, bisexual, transexual, fantasías de padrastros, lluvia dorada, pies, interracial, orgias, pajas, público, real, sexo duro, strap on, teen, y podemos seguir. Vídeos en los que normalmente uno no se replantea ni siquiera la ética, ni a que tipo de fantasía, kink, fetiche o parafília pertenece.

¿Qué sucede cuando las fantasías están valoradas negativamente por la sociedad o incluso ponen en jaque valores éticos?

Seguramente las fantasías sexuales de una persona adolescente o niñx que se comenzaba a masturbar hace 50 años, sean muy diferentes a las de una persona que con la misma edad entre en este tipo de páginas pornográficas en la actualidad. Se podría debatir si este hecho ha disminuido la capacidad imaginativa de las fantasías sexuales propias o, al contrario, si ha generado millones de posibilidades a niñxs que ni siquiera pensaban que esas prácticas podían existir.

Se visualizan millones de videos pornográficos cada día, pero…¿Sabemos discernir a qué tipo de prácticas o categorías hacen referencia? ¿Sabemos qué es un fetiche o un kink? ¿Una filia o una parafilia? Seguramente no, porque, aunque ojalá el lema de la fundación Sexpol (La educación sexual nos hará libres) fuera ya real, todxs sabemos que la educación, aún es muy insuficiente.

En el amplio abanico de la sexualidad y de lo que nos puede despertar el deseo es imprescindible poder diferenciar cada término o categoría para poder entender la sexualidad, tanto la propia como la de lxs otrxs.

Este artículo invita a reflexionar sobre las diferencias y las definiciones de todas esas prácticas, o deseos que lejos de lo convencional o no, llegan a despertar el deseo. Gutiérrez y Ronquillo (2023) citando a Focault, sostiene que, la sexualidad ha sido practicada durante el transcurso de la historia de manera reprimida, oculta, silenciosa, vergonzosa y temerosa, incluyendo también la parte de fantasía sexual.

Tal como expresa, Gutiérrez y Ronquillo (2023) las fantasías representan el estímulo sexual más efectivo para el placer sexual. Pero, ¿y que son las fantasías sexuales? Tal como expresa Sierra et al (2004) citado por Gutiérrez y Ronquillo(2023), “las fantasías sexuales son procesos representativos superiores basadas en imágenes mentales (..) que complementan el proceso fisiológico de la estimulación física.” (p.90-91) Desvarieux et al (2005) citado por Gutiérrez y Ronquillo (2023) añade que son “sensaciones y sentimientos que llegan a través de los sentidos, por pensamientos e imágenes, las cuales cobran un significado diferente para cada persona” (p.91) vinculándolo con la dimensión sexual.

Es importante tener en cuenta qué contenido forma las fantasías sexuales, la relación que se tiene (positiva o negativa) con esta práctica, la frecuencia, la intensidad y si solo son deseadas, imaginadas y/o realizadas. Las fantasías sexuales, en si no tienen por qué tener ninguna contraindicación, porque si el indicador de la sexualidad es el augmento del placer, éstas, lo incrementan.

Ahora… ¿Qué sucede cuando las fantasías están valoradas negativamente por la sociedad, o incluso pone en jaque valores éticos? ¿O cuando la fantasía se hace tan persistente, que no se puede tener relaciones sexuales totalmente placenteras si no están presentes?

Antes de poder dar respuesta a esto, es importante contextualizar y entender que lo que ahora son fantasías “normales” en nuestra sociedad, como, por ejemplo, el querer hacer un trio o fantasías homosexuales, hace unos años atrás era denominado enfermo o desviado. Tal como expresa Martín (2022), incluso la masturbación, felación o cunnilingus han sido practicas desviadas en algún punto de la historia. Por tanto, la aceptación de las fantasías sexuales también es un producto de la sociedad y cultura del momento, lo permisible siempre ha estado conectado a lo reproductivo, especialmente, de cara a las mujeres.

El factor que modifica la fantasía sexual en sí es la decisión de llevarla o no a la realidad, y con cuanta frecuencia se necesita practicar, así como el vínculo (positivo o negativo) que se tenga con estas prácticas. Cuando las fantasías, se escapan de las éticamente aceptadas por la sociedad, y se llevan a la práctica pasan a corresponder a otras categorías, comencemos por los “Kink”.

Las fantasías sexuales de una persona que se comenzaba a masturbar hace 50 años son muy diferentes en la actualidad

Easton y Hardy, (2009) hacen referencia al término “kink” para definir cualquier preferencia o práctica sexual que puede tener una persona, pero que que no entra dentro de lo convencionalmente establecido, como por ejemplo el BDSM. No obstante, es imprescindible añadir, que en esta categoría (kink) siempre existe el consentimiento mutuo, la comunicación, y límites establecidos por las personas participantes. Además, los kinks no siempre tienen que estar en las relaciones sexuales de la persona en sí, ya que pueden disfrutar plenamente de otras actividades sexuales.

Por otro lado, también existen las filias, que fueron definidas por Krafft-Ebing (1886), (cabe decir que este psiquiatra alemán estaba absolutamente influenciado por la idea de que el sexo solo se había de utilizar con el fin de procrear, pero la definición de filia es acertada) cómo, la atracción sexual persistente y fuera de lo convencional, hacia objetos, situaciones, partes del cuerpo o comportamientos específicos. Las filias no comportan ningún daño o angustia emocional a segundas personas, al igual que los kink.

La diferencia entre un kink y una filia, radica en el hecho que el kink se refiere a una práctica sexual, que no necesariamente tiene que estar enfocada en un objeto, parte del cuerpo, no como en las filias. Además, las filias están más presentes en la necesidad de incorporarlas a las relaciones sexuales para disfrutarlas en su plenitud, que un kink, que puede darse de manera ocasional, no obstante, en ambos casos, las personas pueden disfrutar de otras prácticas sexuales.

Otra de las categorizaciones son los conocidos (pero mal utilizados a la hora de definirlos), fetiches. Masters y Johnson (1966) en su obra “Human sexual response”, los definen (de manera muy parecida a las filias) como, el interés sexual hacia un objeto, parte del cuerpo (no sexualizado típicamente) o comportamiento específico, pero con la diferenciación de que es necesario para la excitación sexual de la persona fetichista que esté presente en la práctica sexual. Por tanto, si este fetiche no está presente, la persona no puede disfrutar plenamente de su sexualidad, (otra cosa es que tenga diferentes fetiches) Por tanto, muchas veces utilizamos la palabra fetiche de manera errónea. Por ejemplo, una persona puede tener un kink con los pies, pero puede disfrutar de una práctica sexual en la que no haya interacción con éstos, en cambio el fetichista no disfrutaría plenamente ni llegaría al orgasmo.

Pero.. ¿y qué sucede cuando estas filias o fetiches si involucran dolor o malestar hacia otra persona y además generan limitaciones en la vida de la persona que las tiene? Pues que entonces, estaríamos hablando de parafilias, las cuales están dentro de la categorización del DSM-5.

No obstante, cabe hacer la distinción entre parafilia (cuando está presente en el deseo de la persona) y trastorno parafílico (cuando estos deseo resultan dañinos para otras personas, que por diferentes razones no pueden dar su consentimiento).

Tal como expresa Martín (2022), el “American Psychistric Association”, recoge diferentes clases de parafilias como por ejemplo; el exhibicionismo, el voyerismo, el sadismo, el masoquismo, el fotteurismo, la zoofilia, la necrofilia, el trastorno de travestismo, la pedofilia, el fetichismo y otras parafilias no especificadas. Ejemplos de parafilias no especificadas pueden ser por ejemplo la emetofilia (atracción por el vómito), agorafilicos (necesidad de tener sexo en espacios abiertos), menofilicos (atracción por la menstruación), abasiofilicos (deseo por personas cojas), y un sinfín de parafilias más, siempre y cuando se mantengan los criterios de duración en el tiempo de este deseo, interfiera en la vida del individuo, o suponga algún tipo de daño a un segundo.

Tal como expresa Martín (2022), la patologización se da cuando este deseo de la persona en cuestión le genera angustia por tener estos intereses sexuales e incapacidad para vivir con “normalidad”. ¿Pero que define esta normalidad? Según el autor, son las normas sociales, los valores predominantes de una cultura, y la estadística de población que lleva a cabo cierta práctica.

Las personas que tienen parafilias son personas que seguramente siempre van a vivir una sexualidad muy limitada, ya que o la reprimen, o si intentan integrarla en su vida y darla a conocer, muy posiblemente serán rechazados socialmente. Tal como expresa Martín (2022), la sexualidad es uno de los grandes pilares de la existencia humana, y es algo real decir que, si sabemos que “X” persona tiene una parafilia, no lo sintamos como algo aislado de él, si no, que lo integremos en su personalidad pensando que “está loco, o que no está bien de la cabeza”. El autor comparte una reflexión muy interesante, ¿le comprarías un coche a alguien que sabes que tiene la parafilia de la coprofilia (deseo por las heces)? Seguramente no, aunque a lo mejor nunca haya hecho uso de la práctica (porque como se ha explicado previamente, se puede tener la parafilia, pero no el trastorno parafílico), o nunca haya hecho uso de la práctica en ese coche.

¿Cuáles son las causas de las parafilias? ¿Hay un desequilibro emocional? ¿Se puede tener cierta parafilia, pero ser una persona completamente funcional y equilibrada en otras dimensiones? ¿Depende de la parafilia que sea? ¿Proviene de traumas? ¿Proviene de factores biológicos, psicológicos, simplemente aparece? ¿de condicionamientos infantiles, del azar? En la actualidad, no se tiene respuesta.

Por tanto…¿es necesario hacer una revisión del DSM-5? ¿Es necesario hacer una revisión de las parafilias, de la definición de trastorno de parafilia? Porque todas no pueden estar en el mismo grado, ni pueden ser valoradas de la misma manera. ¿Cómo se mide? ¿Con que criterio de normalidad? Porque muchas aparecen de manera “normalizada” en páginas pornográficas, (¿cuántos videos hay de relaciones sexuales con padrastros por ejemplo?) pero también sabemos lo que hay detrás de la industria del porno y de sus abusos.

¿Hay prácticas sexuales en las que pueden existir daños o humillaciones placenteras, cuando son acordados? Realmente sí. ¿O porqué una persona, por ejemplo, con urolagnia (deseo por la orina) con otra persona que también lo disfrute, no puede formar parte de una práctica sexual sin connotaciones negativas? ¿Podría formar parte de una parafilia (en el grupo de las no especificadas) porque posiblemente le genere malestar en su vida, tener un deseo que apenas puede compartir con personas porque será juzgado?

Pueden situar esta práctica en el mismo nivel (tal y como expone el DSM-5 en el grupo de parafilias no especificas) que una persona que sienta atracción por niños o por personas que no puedan dar su consentimiento, porque estas prácticas, si han de estar castigadas y lo están por un código civil, que, a modo de valoración propia, poco lo están para el daño que se genera en la otra persona.

Como dice Martín (2022), uno de los “problemas” de la sexualidad, es que pasa de puertas para adentro y que, por tanto, la sexología se tiene que fiar de la subjetividad y explicaciones que te dan los pacientes o usuarios, que seguramente, muchxs de ellxs por miedos o por sentirse juzgados no las explican. ¿Qué puede hacer en este caso la sexología? ¿Y la psicología o psiquiatría? ¿Ayudaría poder explicar estas parafilias en terapia cuando pueden ser dañinas hacia otras personas a modo de prevención o a modo de querer “curarse”? ¿Se pueden “curar”? ¿Cuáles deben “curarse” y cuáles no? ¿Cuáles ahora no son aceptables, pero en otros momentos históricos lo han sido, y en periodos históricos del futuro lo serán? ¿Cuáles requieren terapia y cuáles no? ¿O terapia la necesitamos todxs? ¿Serviría poder exteriorizar parafilias “dañinas” para hacer prevención y evitar posibles daños futuros?

Es un gran reto de lxs compañerxs sexólogxs, psicólogxs, psiquiatrxs, poder revisar y debatir toda esta dimensión, y es indispensable pensar en procedimientos e investigar para poder ofrecer categorizaciones adecuadas y útiles, para poder definir los límites de una sexualidad sana o de una sexualidad que puede “enfermar”, para que por fin, podamos tener todxs una sexualidad íntegra.


Bibliografía

  • American Psychiatric Association Guía de consulta de los trastornos diagnósticos del Dsm- 5. ISBN 978-0-89042-551-0
  • Easton, D [ Dossie ]; Hardy, J [ Janet] (2009) Ética promiscua. Melusina SL
  • Pornhub https://es.pornhub.com/
  • Noa, L [Liubal]; Creagh, Y [ Yoasmy]; Soto, O [ Oscar ]; Wilson, D [ Dayami ] (2014). El deseo sexual femenino. Un tema de interés para todos Sexual desires in female. A topic of interest to everybody. ISSN 1028-9933
  • Gutiérrez, P.R [ Pavel Roel ]; Ronquillo, C. c [ Cely Celene ]; (2023) Estudios de género, sexualidades e intervenciones educativas. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
  • Martín, L [ Luis ] (2022) Soy yo normal? Filias y parafilias sexuales. Anagrama Sau
  • Masters, W [William] y Johnson, V [ Virginia ] Human sexual response  https://archive.org/details/humansexualrespo00will
  • Krafft Ebing. (1886) Pyschopatia Sexualis https://archive.org/details/PsychopathiaSexualis1000006945
Entradas relacionadas
Fundación Sexpol

Calle Fuencarral 18, 3º izquierda.
28004 Madrid – España

Atención telefónica

Lunes a Viernes de 10:00 a 14:00

+34 691 65 94 07

Atención Presencial de Secretaría

Martes de 10 a 14  horas

Todos los textos de nuestra web emplean el género femenino en castellano referido a la persona con la intención de incluir todas las identidades sexo-genéricas y mantener una lectura cómoda.

Suscríbete a nuestro newsletter

TRATAMIENTO DE DATOS. RGPD (UE) 2016/679, de 27 de abril, y LOPD 3/2018, de 5 de diciembre. SPNRE0710-11-0921

En cumplimiento de lo establecido en los artículos 13 y 14 del RGPD (UE) 2016/679, de 27 de abril, y en el artículo 11 de la LOPD 3/2018, de 5 de diciembre, ponemos a disposición del interesado la información básica referente al tratamiento de sus datos de carácter personal.
Consiente en base al artículo 6.1.a) del RGPD (UE) 2016/679, y el 6.1 de la LOPD 3/2018, a FUNDACIÓN SEXPOL, como responsable del tratamiento, con N.I.F.: G78024999, con domicilio en C/ Fuencarral, 18 - 3º Izq. C.P.: 28004 - Madrid (MADRID), el tratamiento de sus datos en la actividad SUSCRIPTORES BOLETÍN SEXPOL, ubicada en C/ Fuencarral, 18-3º Izda - 28004 - Madrid (Madrid), cuya finalidad es: Suscripción a boletín digital. Los datos tratados son: Nombre y apellidos; NIF/DNI/NIE; Teléfonos de contacto; Dirección; Correo electrónico; Domicilio habitual. El plazo de supresión es de Mientras dure la prestación del servicio. En cuanto a perfiles, decisiones automatizadas y/o lógica aplicada: No está prevista la realización de perfiles ni de decisiones automatizadas. Las categorías de destinatarios de los datos personales son: Organizaciones o personas directamente relacionas con el responsable. En materia de transferencias internacionales, no se realiza ninguna transferencia internacional de datos de carácter personal. Para ejercer sus derechos en materia de protección de datos puede dirigirse a FUNDACIÓN SEXPOL como responsable: C/ Fuencarral, 18 - 3º Izq. C.P.: 28004 - Madrid (MADRID) o info@sexpol.net, o reclamar ante la Agencia Española de protección de datos (AEPD). Puede consultar la información adicional en materia de protección de Datos en https://www.sexpol.net/aviso-legal/

Privacy Preference Center